Es interesante que al volver a leer una cierta parte de la Escritura, a veces nos notamos de ciertas cosas que pueden habernos escapado de vista previamente. Los divisiones del texto con sus respectivos títulos que se han suplido por los que publican las Biblias para ayudarnos (no se encuentran en los textos originales), en vez de clarificar el significado del texto bíblico, pueden en ciertos casos, obscurecer su significado por separarlo en varios temas, así empañando el significado total.
En el caso de Mateo 18, los títulos que encontramos son los siguientes: ¿Quién es el mayor?, Ocasiones de caer, Parábola de la oveja perdida, Cómo se debe perdonar al hermano, y Los dos deudores. El propósito de esta lección es ver como todos estas partes se relacionan entre sí y como, tomados juntos, nos muestran la bella verdad que Dios quiere que veamos.
Comienza con una pregunta que los discípulos de Jesús le preguntó. A veces, lo que uno pregunta muestra mucho sobre la manera de pensar de la persona, y nos permite entender el nivel de entendimiento que tiene. Así es en este caso.
Mateo 18:1
En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?
Jesús les había declarado en Mateo 16:21 y en Mateo 17:22-23 en cuanto de su muerte. ¡Qué curioso que vienen con tal pregunta ahora! Uno pensaría que tendrían cosas más serios que pensar que “¿Quién es el mayor?” Su pregunta muestra la forma de pensar tan superficial y carnal que tenían. Es la misma manera de pensar que se ve comúnmente en nuestros días—el deseo para posición, grandeza, poder, y cómo ser el más grande.
Es por esto que Jesús hace lo que menos hubieron esperado, como vemos en estas palabras:
Mateo 18:2-5
2 Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, 3 y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. 4 Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos. 5 Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe.
Estas palabras seguramente les hayan sorprendido tremendamente. ¿Cómo puede ser importante un niño. La contestación lo encontramos en las palabras siguientes:
Mateo 18:6-7
6 Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar. 7 !!Ay del mundo por los tropiezos! porque es necesario que vengan tropiezos, pero !!ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!
Con estas palabras, Jesús lo hace claro por qué el niño es importante. ¡Son importantes a Dios! De hecho, Jesús encuentra en el niño las características que tanto les faltaba a sus discípulos tales como, la humildad, la ausencia de malicia, la sumisión, y la pureza. No tener tales características lo hace imposible que uno tenga parte con Dios. Las palabras, “si no os volvéis” indican que tenía que haber un cambio drástica en su manera de pensar de los discípulos. Sin este cambio, no solamente no podían ser útiles en el reino de Dios, no podían ni aun entrar en ello. Y Jesús sigue:
Mateo 18:8-10
Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti; mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno. 9 Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno de fuego. 10 Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos.
Dios nos hace ver con estas palabras el daño que podemos hacer a otros y a nosotros mismos cuando tenemos la actitud de “yo primero.” La actitud de buscar primero nuestros propios intereses causa mucho daño, daños que tienen que evitarse a todo costo, aun al costo de perder la mano, el pie, o un ojo. En esta manera Jesús les mostró que buscar lo espiritual es más lo más importante en la vida, y que, a todo costo, tenemos que evitar hacer fallar a otros.
Sigue, diciendo:
11 Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido. 12 ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado? 13 Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquélla, que por las noventa y nueve que no se descarriaron. 14 Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños.
La gente sabía el valor de sus animales, y es precisamente esto que Jesús usa para hacerles entender a sus discípulos cómo Dios valora al alma de cada persona. Así les hace comprender a sus discípulos que era necesario que ellos tengan esta misma manera de pensar y que tengan amor por otros.
Mateo 18:15-20
15 Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. 16 Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. 17 Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano. 18 De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo. 19 Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. 20 Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.
Cuando alguien nos ha herido en una forma u otra, tenemos la tendencia de evitar a la persona, darle la espalda, y hasta querer lo malo para él y para su vida. La idea de muchos es, “¡Si me haces mal, me lo pagarás!” Jesús les enseña el opuesto—que vayan a hacerle entender su mal y tratar de rescatarle. Les llama a tener la misma actitud que Dios tiene. Les enseña dejar a un lado la tendencia humana de buscar el bienestar propio, y más bien, “buscar la que se había descarriado.” Así llevamos la imagen espiritual de Cristo, que es la naturaleza divina. Llegamos así a ser como Dios en nuestro manera de pensar, hablar, y vivir. Jesús les está llamando a que sean como él, que a pesar del costo, buscaba el bien de otros.
Mateo 18:21-22
Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? 22 Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.
Ay, pobre Pedro, quien a pesar de todo lo que Jesús les está enseñando, todavía no se daba la idea. Pedro, como muchos, quiere poner límite al amor que debemos ejercer hacia otros. Es como dicen la gente “hasta aquí te he tolerado, pero, ya no más.” Cuando dice, “hasta setenta veces siete” no está recomendando que nos pongamos a calcular cuanto sería esto. Más bien, está diciendo que uno debe olvidarse de contar, y que pensemos en el bien del hermano, y tratar de rescatarle y perdonarle. Por esto, encontramos esto en el resto del capítulo:
Mateo 18:23-35
Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. 24 Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. 25 A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda. 26 Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. 27 El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda. 28 Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. 29 Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. 30 Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda. 31 Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado. 32 Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste.
33 ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?
34 Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. 35 Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.
Jesús está todavía enseñando que tenemos que dejar a nuestra naturaleza humana, y tomar sobre nosotros la misma actitud que Dios tiene, la de amar a otros y sufrir lo que sea para el bien de ellos. Así vemos que todo este capítulo habla de lo mismo: el cambio que tiene que haber en nuestra manera de pensar para que podamos participar con Dios y estar en su reino. Dios lo dice claro en 2 Pedro 1:3-4:
3 Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, 4 por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia;
Esto es lo el punto central en todo lo que Dios hace con nosotros, no que sigamos con la manera de pensar humana, sino que cambiemos la forma de pensar para ser como la suya, como nos enseña en su palabra. ¡Qué hagamos los cambios en nuestra manera de pensar y hacer y busquemos el bienestar de otros como Dios ha buscado a nosotros! Si esto hacemos, vale la pena haber pasado por todo lo que pasamos en esta vida, sino no, sería mejor para nosotros no haber vivido.