LA PREDICACIÓN

Cuando predicamos la palabra de Dios, tenemos que mantener en mente el motivo por qué Dios nos dio su palabra. No era para entretener o agradar a la gente. La gente se había apartado de Él por el pecado. El mensaje de Dios fue dado para hacer que la gente vea su error y regrese a Él. Cuando predicamos hoy, es preciso que recordemos esto.

Algunos nos dicen que debemos modificar la manera de predicar para atraer a más personas y no hacerles incomodo. Pero, esto nunca ha sido el pensamiento de los predicadores aprobados por Dios. Los profetas del Antiguo testamento fueron perseguidos precisamente porque el mensaje mostró a la gente su desvío y la necesidad que tenían de cambiar la vida como Jesús expresó en Mateo 5:11-12:

Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. 12 Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.

El problema no es nuevo, como vemos en Isaías 30:9-10:

Porque este pueblo es rebelde, hijos mentirosos, hijos que no quisieron oír la ley de Jehová;

30:10 que dicen a los videntes: No veáis; y a los profetas: No nos profeticéis lo recto, decidnos cosas halagüeñas, profetizad mentiras;

Pero cuando vino Jesucristo, su forma de hablar mostraba claridad y autoridad:

Mateo 7:28-29 Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; 29 porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.

Pablo, el apóstol, al hablar con Félix y Drusila no buscó entretenerles ni impresionarles con su oratorio, más bien se aprovechó de la oportunidad de mostrarles su necesidad:

Hechos 24:24-25 Algunos días después, viniendo Félix con Drusila su mujer, que era judía, llamó a Pablo, y le oyó acerca de la fe en Jesucristo. 25 Pero al disertar Pablo acerca de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero, Félix se espantó, y dijo: Ahora vete; pero cuando tenga oportunidad te llamaré.

Nuestro amor por Dios y por la gente nos causa preparar a las personas para el día que serán juzgados:

2 Corintios 5:9-11a

Por tanto procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables.

5:10 Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo. 11 Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres;

También en Colosenses 1:28:

a quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre;

En la predicación, tenemos que estar siempre conscientes de nuestro propósito, no para agradar a los hombres, sino para prepararles para el día que tendrán que dar cuentas a nuestro creador. Como dijo Pablo en Gálatas 1:10:

Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.

Tenemos que decidir, entonces, si vamos a agradar a la gente o salvar las almas del infierno. Haremos una cosa o la otra. Sabemos que el propósito de Dios es salvar almas. ¡Para que seamos siervos de Cristo, Su propósito de Él tiene que ser nuestro propósito!