¿VIVE UD. FRUSTRADO E INFELIZ?

Hay personas quienes viven la vida frustradas y confusas porque no importa lo que hacen, no pueden hacer para sí el tipo de vida que buscan. Ellos se notan que sus relaciones con otros no tienen éxito, no pueden mantener amigos y su matrimonio no va bien. Son personas muy tristes y inculpan a otros por su falta de felicidad y la vida triste que viven. Pero, nunca consideran que tal vez la falta puede estar en ellos, no en otros.

Cuando venimos a este mundo, somos dependientes en otros para todo lo que necesitamos—la comida, la higiene, y el cariño, y el consuelo. El bebé llora, no importa la hora del día o la noche, cuando siente una necesidad. Todos los que viven alrededor de él sirven para suplir sus necesidades. Todo esto es como debe de ser, pero se supone que a través de la vida, en la juventud y la adolescencia, poco a poco, el énfasis debe ir cambiándo y debemos aprender considerar a las necesidades de otros, no solamente las nuestras.

Tristemente, esto es precisamente donde está el problema. Muchos padres creen que si están supliendo cada necesidad y hasta aún los gustos de sus hijos, así son buenos padres. Pero la crianza del hijo, si es es como debe de ser, incluye entrenamiento en cuanto de cómo buscar el bienestar de otros. Cuando los padres están siempre proveyendo todo lo que quiere el hijo, él hijo puede llegar a pensar que así debe ser siempre, y aprende el egoísmo y puede crearse en él un hábito de dependencia. El problema no consiste en cuánto recibe o no recibe el hijo, sino en el hecho que en casi todas las relaciones que sostiene con otros, él recibe y otros dan; no aprende cuidar de otros ni ver por las necesidades de ellos. Así el hijo llega a ser dependiente y siempre espera que la gente en su mundo debe suplir todo lo que el quiere. Algunos crecen así, y por esto no pueden ajustarse a las realidades de la vida y aún cuando son adultos siguen pensando que otros deben suplir sus necesidades y deben agradarles. Pero, la vida no es así, y niños criados así frecuentemente tienen problemas para relacionarse con otros y cuando ya son padres, es difícil para tales personas sacrificarse para cuidar de sus hijos o proveer por su esposo o esposa.

Efesios 6:4 dice: “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.” Cuando hacemos esto, el hijo aprende el ejemplo de Cristo, quien en su vida, consideró las necesidades de otros como más importantes que las suyas.

En Filipenses 2:4-8 encontramos: “no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. 5 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” También en Marcos 10:45, tenemos las palabras de Cristo: “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.”

Si enseñamos a los hijos a ser servidores en vez de servidos, hacemos algo que hace una grande diferencia en la vida. Cambia la vida de ellos totalmente. Pero, no debemos enseñarles solamente con palabras, sino darles muchos oportunidades continuamente para servir a otros. Cuando nos ven a nosotros sirviendo a otros y ellos pueden activamente sacrificarse para participar en ello, aprendan a vivir como Cristo vivió.

Si Ud. vive infeliz porque otros no hacen como Ud. piensa que deben de hacer, tal vez no es demasiado tarde. Primero debe darse completamente a Cristo en obediencia. Entonces, siga Su ejemplo de servicio a otros. Recuerde Ud. las palabras de Cristo, “Más bienaventurado es dar que recibir.” Así podrá poner un ejemplo para otros, aún para sus propios hijos, y Ud. también puede tener una vida mejor.