LOS VIENTOS QUE SOPLAN

Introducción:

El otro día, mientras barría algunas hojas pequeñas y recortes de hierba, el viento se levantó y los sopló de nuevo hacia el lugar de donde los había barrido. Me hizo pensar en cómo, en el trabajo que hacemos para Dios en lo espiritual, frecuentemente es similar. Somos conscientes del hecho que mientras que trabajamos con la gente, estamos trabajando contra fuerzas espirituales que siempre están soplando, como encontramos en Efesios 2:1-3:

1 Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, 2 en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, 3 entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.

Hay fuerzas que están trabajando, y tienen su efecto sobre aquellos que no obedecen la Palabra de Dios, la Biblia. Es a causa de esas fuerzas que están siempre en acción que nos sentimos como si estuviéramos trabajando en contra del viento. Por supuesto, no estamos hablando de los vientos físicas de los patrones climáticos naturales, sino en cuanto de las formas de pensar que afectan la mente de las personas con quienes trabajamos y a quienes hablamos la palabra de Dios.

¿Cuáles son los vientos que están soplando?

Mientras hablamos a otros acerca de la Palabra de Dios, frecuentemente observamos que la palabra no parece tener el impacto que podríamos esperar, y los avances que pensamos haber logrado a veces de pronto se pierden. Es a esto que nos referimos cuando decimos que es como trabajar contra el viento. ¿Cuáles son los vientos que soplan en nuestro medio hoy en día?

El rechazo a toda autoridad

Este es un viento que ha existido durante muchos años, pero parece soplar con más fuerza con el paso del tiempo. Es el rechazo de cualquier autoridad, ya sea espiritual o gubernamental. La actitud que dice: “Voy a hacer lo que quiero con mi vida, y nadie me va a decir qué hacer,” siempre ha existido, pero esta idea se ha incrementado de fuerza debido al crecimiento del ateísmo y otras teorías impías que se imparten, especialmente en las escuelas y universidades. Si no hay Dios, no hay autoridad suprema, Entonces, quién tiene el derecho de decir lo que debemos hacer o cómo debemos vivir? Esta idea de libertinaje extremo es un fuerte viento que sopla en nuestro tiempo.

Pero, Dios dice:

Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, hacen obras abominables; No hay quien haga el bien. (Salmos 14: 1)

Y en Eclesiastés 12:13-14:

El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. 14 Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.

Nada es bueno ni malo, con tal que te parezca bien.

En realidad, este viento es el resultado del rechazo de Dios, la autoridad y la responsabilidad moral. Es el concepto de que, dado que no existe una autoridad moral, no puede haber ninguna manera “correcta” de vivir, Por lo tanto, cada persona debe determinar lo que parece correcto para él o ella. En las mentes de tales personas, no existen reglas universales que pueden tomar en consideración todas las circunstancias personales de la vida de uno, por lo tanto, ninguna regla o ley es adecuada para guiar sus acciones. Por esto, dicen que tienen que hacer lo que es correcto para ellos.

Pero, encontramos esto en Proverbios 16:25: “Hay camino que parece derecho al hombre, Pero su fin es camino de muerte.” y en Jeremías 10:23: “Conozco, oh Jehová, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos.” Y, de nuevo en Eclesiastés 11:9:

Alégrate, joven, en tu juventud, y tome placer tu corazón en los días de tu adolescencia; y anda en los caminos de tu corazón y en la vista de tus ojos; pero sabe, que sobre todas estas cosas te juzgará Dios.

El hecho de que uno rechaza las instrucciones de Dios no libra a esa persona de sufrir las consecuencias de sus acciones, igualmente como que el rechazo de la ley de la gravedad no libra a uno de caer, si se tira de la parte superior de un edificio.

Usted no me puede juzgar, tengo derecho a vivir lo yo quiero.

Muchos han llegado a tal punto que ellos rechazan cualquier concepto de bien o mal. Esto conduce al rechazo de cualquier intento de juzgar lo “correcto” o “incorrecto” de cualquier acción o conducta. Aunque es cierto que dejamos todo juicio de aquellos que no aceptan la autoridad de Dios a Dios, debemos estar preparados para decidir entre el bien y el mal cuando se trata de miembros de la iglesia del Señor, como lo vemos en 1 Corintios 5:9-13:

9 Os he escrito por carta, que no os juntéis con los fornicarios; 10 no absolutamente con los fornicarios de este mundo, o con los avaros, o con los ladrones, o con los idólatras; pues en tal caso os sería necesario salir del mundo. 11 Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis. 12 Porque ¿qué razón tendría yo para juzgar a los que están fuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro? 13 Porque a los que están fuera, Dios juzgará. Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros.

El hecho que los miembros de una iglesia estén incapaces de tomar estas medidas resulta en que tal congregación perdiera su influencia en la comunidad, más bien, se convierte el objeto de escándalo.

Cada uno tiene sus propias creencias, no tienes derecho de imponer la suya en mí.

Esta actitud hace mucho para desalentar el intercambio de ideas sobre la religión entre las personas. Tal vez tiene mucho que ver con los “vientos” ya mencionados. Si no hay una norma objetiva, no hay ninguna razón para que un persona esté molestando a otra con respecto a lo que cree. Hay quienes, a pesar de que tienen fuertes creencias religiosas, no están dispuestos hablar de ellos con los demás, especialmente con aquellos con los que no tienen un fuerte lazo de confianza o si supone que la otra persona puede tener diferentes puntos de vista. Algunos consideran que es descortés y grosero incluso si uno habla con otros acerca de las convicciones personales y motivaciones. Esto lo hace más difícil enseñar la palabra de Dios a los amigos, familiares y conocidos.

Conclusión

Todos estos “vientos” son influencias del demonio y hacen más difícil para vivir y trabajar en este mundo. Esto hace que sea especialmente difícil ayudar a otros a aprender la voluntad de Dios y ponerla en práctica. Así como en la naturaleza, el viento es invisible, pero tiene un profundo efecto en nosotros, tristemente, estos vientos, aunque no se ven, están teniendo su efecto, no sólo en la vida de las personas en el mundo, pero incluso en las vidas de los conocidos como hermanos y hermanas.

¿Le han estado afectando estos vientos a Ud? ¿Ha aceptado estas falsas ideas? Reconozca estas influencias, pero no se desanime por ellos. Tómelos en consideración en sus esfuerzos para enseñar la palabra de Dios a otros y contrarréstelos con la palabra de Dios. La autoridad de Dios es real, Su palabra es verdad, y es la autoridad que guía nuestra vida y la misma palabra de Dios nos juzgará cuando Cristo venga otra vez.

Juan 12:48-50:

48 El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero. 49 Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar. 50 Y sé que su mandamiento es vida eterna. Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho.