Tristemente, no todas las cosas que aprendemos en cuanto de la religión se aprenden de la palabra de Dios. A veces las personas aprenden más del ambiente religioso en lo cual viven que de la palabra, porque no estudian debidamente. Como resultado, hay errores que se introducen, y cosas que Dios nunca nos enseño llegan a ser igualmente o más guardado y obedecido que aquello que Dios sí dijo.
Queremos considerar uno de estos errores aquí. Es el concepto del “encargado.” A veces la gente dicen en cuanto de un predicador que él es el encargado de la obra. ¿De dónde viene este concepto? La Biblia no lo enseña. Cuando una congregación no tiene una persona designada para pararse delante de la congregación y hablar cada domingo, hay los que lo miran como cosa rara, y se preocupen y se ponen ansiosos sobre la situación de la iglesia. Esto pasa, aun cuando hay múltiples hermanos que pueden ayudar con buena enseñanza. La idea de tener a alguien “encargado” viene de la situación que vemos alrededor de nosotros en el ambiente religioso. Algunos tienen el “sacerdote” y otros su “pastor” y él es la persona que supuestamente nos guía en la fe. Esto contradice las enseñanzas bíblicas.
Primero, contradice el hecho que Cristo es la única cabeza de la iglesia en el cielo y en la tierra. No hay uno quien es “encargado” de la iglesia en el cielo y otro en la tierra.
Cristo, después de la resurrección de entre los muertos, dijo en Mateo 28:18: “Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.” Esto no deja lugar para otro encargado en la congregación. La palabra de Dios nos instruye, y cada uno obedece a Cristo por obedecer la palabra, y así Él nos guía.
También el concepto del encargado de una congregación contradice las Escrituras porque no toma en consideración la naturaleza de la iglesia como un cuerpo. 1 Corintios 12:12-27 nos enseña que la iglesia se compone de muchos miembros y que todos los miembros son importantes, y que el funcionamiento de cada uno es necesario. La dependencia en uno o unos pocos mientras los otros solamente observan, no es bíblico.
Ademas, este concepto del “encargado” promueve una falsa dependencia en unos pocos. La obra de la iglesia no es solamente lo que hacemos en las reuniones. Es lo que hacemos como el cuerpo espiritual de Cristo veinticuatro horas del día, y siete días de la semana, así que nadie puede hacerlo por nosotros.
El concepto de un “encargado” promueve la centralización de poder en las manos de un humano. El poder humano en las cosas de dios es una influencia diabólica, como nos muestra 2 Tesalonicenses 2:3-4:
3 Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, 4 el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios.
El poder humano en las cosas de Dios es peligroso, y aunque parezca benigna, no lo es, y nunca lo puede ser. En 3 Juan 1:9 encontramos, “Yo he escrito a la iglesia; pero Diótrefes, al cual le gusta tener el primer lugar entre ellos, no nos recibe.”
Ahora que hemos comprendido que el concepto del “encargado” no tiene la aprobación de Dios, ¿qué debe de cambiarse en las congregaciones de la iglesia?
Primero, es necesario cambar cómo pensamos de los que predicamos y enseñamos la palabra. 1 Corintios 3:1-7 y 4:6-7 dice:
1 De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. 2 Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía, 3 porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres? 4 Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales? 5 ¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor. 6 Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. 7 Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento.
1 Corintios 4:6-7 Pero esto, hermanos, lo he presentado como ejemplo en mí y en Apolos por amor de vosotros, para que en nosotros aprendáis a no pensar más de lo que está escrito, no sea que por causa de uno, os envanezcáis unos contra otros. 7 Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?
Entonces debemos mirarles como simplemente un hermano que está haciendo su función en el cuerpo, al igual que nosotros. No es una persona más importante que los otros, tampoco es menos.
Nuestro mirada no debe ser hacia ellos, sino a Cristo.
El es la única cabeza de la iglesia, sea en el cielo o en la tierra.
No debemos pensar que el crecimiento de la iglesia depende en ellos. Como hemos visto en estos versículos, el crecimiento lo da Dios por medio del funcionamiento de todos los miembros del cuerpo. De todos modos, ¿en la palabra de Dios, dónde encontramos que fue llamado “el encargado de la obra” uno que predica?
No debemos depender en ellos para aquellas cosas que debemos hacer todos nosotros. Tal vez nos parece más fácil encargar la obra en los manos de otro para no tener que trabajar nosotros, pero no es esto según la naturaleza de la iglesia como un cuerpo, no es el plan de Dios, y ¡no funciona!
Ya no usan, por favor, Hermanos, esta expresión “el encargado” en cuando de predicadores. Tenemos que encargarnos todos con la obra, cada uno haciendo nuestra parte.