Es muy interesante estudiar la vida de Abraham. La historia de su vida se encuentra en el libro del Antiguo testamento llamado Génesis, y se le menciona en varios de los libros del Nuevo testamento. Uno de los eventos más impresionantes de su vida es su intento de sacrificar a su hijo, motivado por el mandato de Dios, que se encuentra en Génesis capítulo 22.
A veces cosas nos pasan en la vida que nunca esperamos. Estoy seguro que cuando Dios le habló a Abraham, no esperaba lo que Dios le pidió. Encontramos lo siguiente en Génesis 22:2:
Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.
Es importante que leamos esto, no cómo una historieta o fábula, sino la historia de algo que de veras ocurrió. Esto era el hijo que Abraham había esperado por tanto tiempo, el hijo que Dios le había prometido, quien haría continuar su linaje. Si le matara, entonces, como se iba a cumplir la promesa que Dios había hecho. Hebreos 11:17-18 se refiere a esto cuando dijo:
Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, 18 habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia;
¿Qué era la reacción de Abraham a este mandamiento que ofrezca su único hijo? Lo interesante en cuanto de la reacción es que, según lo que tenemos escrito en la palabra, no había reclamo de parte de Abraham, aparentemente. No pregunta cómo puede ser esto, ni pregunta ¿cómo puedes tú, un Dios justo, pedir esto de mí? La escritura simplemente dice esto en Génesis 22:3:
Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo.
Esto es todo que tenemos acá en el libro de Génesis. La Escritura no dice siquiera si dijo a su esposa sobre sus intenciones, y sabemos que no le dijo a su hijo. Sabemos esto porque su hijo, cuando están andando finalmente al lugar para el sacrificio, le pregunta a su padre en cuanto de dónde estaba el sacrificio. Abraham simplemente le dice que Dios proveería. Tampoco explica la Escritura en cuanto de todo la angustia que Abraham haya sentido por tener que atar a su hijo y ponerle sobre el altar. Hay tantas cosas que no se han revelado concerniente a este evento dramático en la vida de Abraham, cosas que nosotros, como humanos nos gustan pensar, pero ciertamente no son las cosas que son verdaderamente importantes.
Abraham tomó en su mano el cuchillo para matar a su hijo, y un ángel le habló desde el cielo y dijo:
No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único. (Génesis 22:12)
¿Que pasó por la mente de Abraham? ¿Qué estaba pensando? No hubiéramos llegado a saber si solamente tuviéramos el libro de Génesis, pero en en Nuevo testamento en Hebreos 11:17-19 encontramos esta clave importante:
17 Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, 18 habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; 19 pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir.
Es importante notarse que cuando les dejó a los siervos a una distancia del lugar del sacrificio, les dijo esto que encontramos en Génesis 22:5
…Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros.
Vemos sus palabras, “…iremos…y volveremos a vosotros.” Sus palabras no eran palabras vanas, tampoco estaba mintiendo para cubrir lo que pensaba hacer. Creyó a Dios completamente, y esto era la clave. Abraham sabía que sus descendientes vendrían de este hijo. Esto es lo que Dios le había prometido. Por esto concluyó que aun si sacrificara su hijo, Dios le volvería a resucitar para hacer lo que Él que no puede mentir le había prometido. Por esto Abraham dijo que él y el muchacho volvería. Nos maravillamos al ver como la confianza que Abraham tenía en Dios y su promesas proveyó la clave, y lo hizo posible que Abraham pasara por esta experiencia que era aparentemente insoportable.
Mientras que consideramos seriamente este evento, nos hace entender algo muy importante en cuanto de nuestra existencia. Nos preguntamos, si el propósito de vida es vivir vidas cómodas, placenteras, evitando el sufrimiento y disfrutando las ricas bendiciones de Dios, ¿por qué tenía que sufrir Abraham todo esto? La contestación a esta pregunta es que tal NO ES el propósito de la vida. Dios quería que Abraham sepa que no podía amar a nada más que Dios ni basar su vida en ningún otro. Esto es la lección que esta experiencia de Abraham nos enseña. La vida no es solamente una oportunidad de alcanzar nuestras metas, impresionar a otros con nuestras capacidades, hacer una vida buena para nosotros, y divertirnos, evitar el sufrimiento, o alcanzar grande fama, como algunos piensan. El propósito de Dios es que seamos como Él. Esto es imposible sin depender completamente en Él y hacer lo que nos dice.
Otro aspecto de este evento es que descubrimos que había un hombre que estaba listo para hacer lo mismo que Dios más tarde haría para nosotros—dar a su único Hijo. Aunque es terrible que Dios tenga que hacer tal sacrificio, por lo menos parece apropiado que hubiera un hombre que estaba listo para dar su hijo para obedecerle a Dios.
También, esta parte de la historia de Abraham nos muestra algo que es indispensable para que nosotros seamos seguidores de Dios hoy—la capacidad de dar todo a Dios, y pagar el precio mayor. Jesús dijo a las grandes multitudes que iban con Él cuando estaba acá en la tierra:
26 Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. 27 Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. 28 Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? (Lucas 14:26-28)
El precio que tenemos que pagar es TODO. Tenemos que dar todo a Dios. Cualquier cosa menos que esto es inapropiado, porque todo pertenece a Él. Dios ha dado su Hijo por nosotros. Él no aceptará nada menos que dedicación total y la obediencia completa. Solamente en esta manera podemos llegar a ser como Él.
Así que, podemos ver que esta experiencia en la vida de Abraham nos sorprende con sus riquezas de entendimiento en cuanto de Dios, la vida, y en cuanto de qué está tratando de alcanzar Dios en nuestra vida. ¡Los que reclaman seguir a Abraham y su fe deben aprender la lección de su ejemplo: la verdadera fe siempre confía en Dios suficientemente para hacer todo lo que Él manda (no vemos fe sola, sin el costo de obediencia en la vida de Abraham)!