Está claro que nuestra capacidad para llevar a otros a Cristo puede verse afectada por dos factores. La primera es la pérdida de convicción de que la palabra de Dios es capaz de hacer los cambios necesarios en la vida de la persona, y el otro es la duda de que podemos vivir una vida santa para mostrar a otros el camino.
Como nos han dicho que la gente ya no aceptan bien la idea de autoridad, algunos han dudado de que la enseñanza directa de la palabra autorizada de Dios sea suficiente para hacer que una persona cambie. Así, el impulso de algunos programas de “evangelismo” es hacer cosas buenas para la gente, atraerla a través de programas de benevolencia y actividades de la comunidad. En corto, hacer que la gente se asocie con nosotros, hasta que puedan llegar a conocer lo bonito que somos y todos los programas que tenemos para la gente, y qué buena vida que pueden tener con nosotros. Pero, tenemos que considerar este asunto, no desde nuestra perspectiva, sino desde la perspectiva de las personas que estamos tratando de atraer. Si ellos vienen a nosotros para lo que pueden obtener, ¿es esto el énfasis correcto? ¿Será eso adecuado para cambiar las personas para lo mejor o ayudarles a ser más como Dios? Ya están viviendo la vida pensando en conseguir algo más para ellos. ¿En qué forma estamos conduciéndoles más cerca a Dios en el sentido espiritual? Así no aprenderían nada nuevo sobre la naturaleza de Dios, solamente encontrarían una nueva fuente de apoyo físico y emocional.
La gente vio las grandes cosas que Jesús hizo, como sanó a los enfermos y multiplicó los alimentos y dio de comer a miles de personas. Estos señales eran para demostrarles que Él era el Hijo de Dios. Pero, se dio cuenta Cristo que estaban entendiendo mal las señales. En Juan 6:26-27 encontramos sus palabras:
26 Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. 27 Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre.
Algunos líderes religiosos buscan tener muchos seguidores. Jesús ya tenía eso, pero Él no se contentó con tener muchos seguidores, Él quería que la gente cambiara, y les dijo:
26 Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. 27 Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. 28 Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? 29 No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, 30 diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. 31 ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? 32 Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz. 33 Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo. (Lucas 14:26-33)
Él estaba preparando discípulos para vivir una vida como la suya, una vida de dar, no de recibir. Los señales mostraban a las personas que Él era el Cristo, pero sus palabras eran necesarias para mostrarles cómo vivir. La gente puede empezar a seguirnos porque les tratamos bien, pero es mucho mejor mostrarles cómo ser discípulos, si en alguna manera vamos a ayudarles a que sean lo que Dios quiere que sean. Tienen que cambiar su mentalidad de una mentalidad de recibir a una mentalidad de darse por otros. Para hacer la diferencia, debemos transmitirles la palabra de Dios.
Y su palabra es capaz de hacer la diferencia como Hebreos 4:12 dice:
Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.
También, en Romanos 1:15-16, Dios nos lo dice por medio del apóstol Pablo:
15 Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma. 16 Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.
La palabra de Dios que contiene el maravilloso mensaje de amor y salvación de Dios a través de Cristo es el poder que hará la diferencia en la vida de los que van a creer. Nada más tiene este poder. Nada más puede hacer lo que la palabra de amor y autoridad de Dios puede hacer. No todos lo reciben, pero es la única esperanza, y es suficientemente potente como para hacer lo que Dios quiere que se haga. Como Isaías 55:10-11 nos dice:
10 Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, 11 así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.
El otro gran impedimento para la enseñanza de la palabra es la falta de confianza que la palabra puede vivirse en la vida del discípulo de Cristo. Frecuentemente, escuchamos a personas que se conocen como hermanos y hermanas en Cristo, decir que todos somos únicamente pecadores salvados por la gracia de Cristo. Sabemos que esto es cierto en un sentido, pero el uso de esa declaración para excusarnos de vivir vidas santas, es completamente equivocado.
Es la intención de Dios que nuestras vidas sean un ejemplo para todas los que nos rodean. De lo contrario, las palabras de Jesús en Mateo 5:10-16 no tendrían ningún significado:
10 Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. 11 Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. 12 Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros. 13 Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. 14 Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. 15 Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. 16 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.
La naturaleza única de la vida del seguidor de Cristo es un ejemplo para todos, ya que por la fe él pone en práctica, lo mejor que puede, con cada vez con más resultados a medida que crece y se madura, la maravillosa palabra de Dios. Si esto no fuera posible, las palabras de Dios en 1 Pedro 1:14-19 sería una mentira :
14 como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; 15 sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; 16 porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo. 17 Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación; 18 sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, 19 sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación,
Es cierto que cada uno de nosotros tenemos muchas cosas en que trabajar, pero la necesidad de hacer esos cambios para vivir una vida santa no es opcional, Dios lo requiere. El carácter cristiano en la vida de alguien que realmente cree, aun cuando tenga que sufrir por sus convicciones, es una evidencia grande que el no creyente no puede negar lógicamente. Él o ella puede optar por ignorarlo, pero todavía allí está.
Ya no debemos escuchar las voces de los que nos dicen que no podemos llegar al mundo a través de la enseñanza de la palabra de Dios, y que tenemos que depender de otras metodologías y estrategias para “enganchar” a la gente. También debemos determinar que haremos nuestra parte para hacer que nuestra vida sea un ejemplo de lo que es un creyente, para que podamos demostrar que el camino de Cristo no es simplemente una teoría que no se puede poner en práctica, pero realmente es una manera de vivir.